Bocanadas de aire fresco,
olas del mar saladas,
dias azules despejados,
noches de cielos estrellados.
Señora de fina piel y cuerpo envidiable,
coraje en las venas y corazon amable.
Mujer elegante a la vez que hermosa,
los años la han convertido en una diosa.
Sus seres queridos las admiran,
mas ella, eso no lo ignora
porque de su compañia, es gozosa.
Repetidas sus historias contadas,
parecen ser nuevas cada vez,
porque para contarlas es tan apasionada,
que escucharlas te erizan la piel.
Quiero ser ese fiel admirador
que a escucharte se siente
para poder admirar, tu semblante sonriente.
te quiero Mamangelita.
tu nieta Nazaret.
jueves, 23 de abril de 2015
UNA MALETA MÁS
Me divertía la idea de saber que iríamos a pasar unos días a su casa. Porque aunque estábamos viviendo, otra vez, el mismo drama que vivíamos desde que tenía uso de razón; siempre sería mejor si estábamos rodeados de personas agradables.
Ya estábamos listos para irnos, vivíamos a pocas manzanas de su casa, pero a cada paso que dábamos sentía muy en mi interior que no sería la última vez que haríamos las maletas.
Con el paso de los años había aprendido que no debía opinar sobre si me parecía bien o mal la decisión de dónde dormiriamos en los próximos días. Pero ésta vez era bueno. El recibimiento siempre resultaba acogedor, con una sonrisa, un abrazo y miradas de compasión y ternura. Cada uno de ellos, sin excepción, eran todo lo que en esos dias tan difíciles necesitaba para sentirme entendida, segura y feliz. Despertaban en mi esas sensaciones el tan sólo olor a periódico que percibía nada más cruzar el umbral de la puerta. Después de la bienvenida tendriamos que dejar los bolsos en uno de los dormitorios acomodados para nosotros. Siempre me pareció una casa grande, al fin y al cabo nosotros vivíamos en un apartamento estudio,pero este piso era enorme. Siempre estaba limpia, decorada con buen gusto, con cada espacio organizado, puro equilibrio.
A medida que avanzábamos por el pasillo veía al padre de familia sentado de perfil en un sillón en una habitación al final de la galería viendo la televisión a la vez que ojeaba el periódico. Siempre me resultó entrañable esa imagen acompañada por el sonido de un periodista describiendo lo que sucedía en un partido de fútbol. Y siempre era la misma imagen.
A partir de ahora me quedaría sentada en el sillón bien calladita y sin molestar mientras en la cocina preparaban cafe y hablaban en voz baja las mujeres. El aroma a café invadia toda la estancia, mezclándose con el perfume del tabaco que fumaba y las hojas de periódico.
Toda esa mezcla de olores era buena, estar allí era bueno.
Un café para su esposo y una tierna mirada para mi. Sabía por mi mirada que necesitaba distraerme con algo, quizás jugando, pero nunca me hubiese atrevido a pedirlo, no quería para nada ser un estorbo. Conocedora de lo que podria divertir a un niño, sabia perfectamente que con unos lápices, hojas y un viejo e inutilizable teléfono gris podria pasar un par de horas tranquila.
Sus hijos llegaban y siempre seguían el mismo planning: lavarse las manos y sentarse a merendar.
Bocadillos de picadillo apoyados en un plato para no tirar migas al suelo y un vaso de zumo de melocotón era la merienda ideal para una niña que se sentaba con sus primos en el salón mientras ellos intercambiaban, con su padre, opiniones sobre el partido de fútbol.
Sábado por la mañana, día de limpieza, la hermana mayor llevaba la voz de mando. Me encantaba ver cómo dominaba la situación. Todo controlado: paño, pronto, limpia cristales, cepillo y pala. Me hacía participe de su ritual de cada sábado con buena actitud y alegría.
Ponía un vinilo de Michael Jackson en su minicadena plateada y pasábamos un buen rato limpiando.
La hora del baño en la azotea era peculiar, un bidón y un calentador era lo único que hacía falta para darse una buena ducha.
Por la tarde una partida a las chapas, aunque nunca entendi ese juego y además no se me daba para nada por lo.que siempre terminaba sólo mirando como jugaban los hermanos.
Domingo por la mañana, he escuchado que ya nos vamos para casa, llevamos aqui casi una semana, pero, volvemos a casa el sitio dónde verdaderamente queríamos estar.
Entonces era muy pequeña y no sabia que tendría que dar las gracias al irnos, pensaba que con un simple beso y un adiós bastaba. Pero ahora soy adulta y se que es de bien nacido ser agradecido, es por eso que en esta ocasión quiero aprovechar por éste pasaje de mi vida y por otros más para dar las GRACIAS a esa familia que tantos valores arraigó en mi, permitiendo que una niña como yo tuviese un referente de lo que realmente debía de ser una FAMILIA.
Gracias.
Nazaret Quevedo.
Me divertía la idea de saber que iríamos a pasar unos días a su casa. Porque aunque estábamos viviendo, otra vez, el mismo drama que vivíamos desde que tenía uso de razón; siempre sería mejor si estábamos rodeados de personas agradables.
Ya estábamos listos para irnos, vivíamos a pocas manzanas de su casa, pero a cada paso que dábamos sentía muy en mi interior que no sería la última vez que haríamos las maletas.
Con el paso de los años había aprendido que no debía opinar sobre si me parecía bien o mal la decisión de dónde dormiriamos en los próximos días. Pero ésta vez era bueno. El recibimiento siempre resultaba acogedor, con una sonrisa, un abrazo y miradas de compasión y ternura. Cada uno de ellos, sin excepción, eran todo lo que en esos dias tan difíciles necesitaba para sentirme entendida, segura y feliz. Despertaban en mi esas sensaciones el tan sólo olor a periódico que percibía nada más cruzar el umbral de la puerta. Después de la bienvenida tendriamos que dejar los bolsos en uno de los dormitorios acomodados para nosotros. Siempre me pareció una casa grande, al fin y al cabo nosotros vivíamos en un apartamento estudio,pero este piso era enorme. Siempre estaba limpia, decorada con buen gusto, con cada espacio organizado, puro equilibrio.
A medida que avanzábamos por el pasillo veía al padre de familia sentado de perfil en un sillón en una habitación al final de la galería viendo la televisión a la vez que ojeaba el periódico. Siempre me resultó entrañable esa imagen acompañada por el sonido de un periodista describiendo lo que sucedía en un partido de fútbol. Y siempre era la misma imagen.
A partir de ahora me quedaría sentada en el sillón bien calladita y sin molestar mientras en la cocina preparaban cafe y hablaban en voz baja las mujeres. El aroma a café invadia toda la estancia, mezclándose con el perfume del tabaco que fumaba y las hojas de periódico.
Toda esa mezcla de olores era buena, estar allí era bueno.
Un café para su esposo y una tierna mirada para mi. Sabía por mi mirada que necesitaba distraerme con algo, quizás jugando, pero nunca me hubiese atrevido a pedirlo, no quería para nada ser un estorbo. Conocedora de lo que podria divertir a un niño, sabia perfectamente que con unos lápices, hojas y un viejo e inutilizable teléfono gris podria pasar un par de horas tranquila.
Sus hijos llegaban y siempre seguían el mismo planning: lavarse las manos y sentarse a merendar.
Bocadillos de picadillo apoyados en un plato para no tirar migas al suelo y un vaso de zumo de melocotón era la merienda ideal para una niña que se sentaba con sus primos en el salón mientras ellos intercambiaban, con su padre, opiniones sobre el partido de fútbol.
Sábado por la mañana, día de limpieza, la hermana mayor llevaba la voz de mando. Me encantaba ver cómo dominaba la situación. Todo controlado: paño, pronto, limpia cristales, cepillo y pala. Me hacía participe de su ritual de cada sábado con buena actitud y alegría.
Ponía un vinilo de Michael Jackson en su minicadena plateada y pasábamos un buen rato limpiando.
La hora del baño en la azotea era peculiar, un bidón y un calentador era lo único que hacía falta para darse una buena ducha.
Por la tarde una partida a las chapas, aunque nunca entendi ese juego y además no se me daba para nada por lo.que siempre terminaba sólo mirando como jugaban los hermanos.
Domingo por la mañana, he escuchado que ya nos vamos para casa, llevamos aqui casi una semana, pero, volvemos a casa el sitio dónde verdaderamente queríamos estar.
Entonces era muy pequeña y no sabia que tendría que dar las gracias al irnos, pensaba que con un simple beso y un adiós bastaba. Pero ahora soy adulta y se que es de bien nacido ser agradecido, es por eso que en esta ocasión quiero aprovechar por éste pasaje de mi vida y por otros más para dar las GRACIAS a esa familia que tantos valores arraigó en mi, permitiendo que una niña como yo tuviese un referente de lo que realmente debía de ser una FAMILIA.
Gracias.
Nazaret Quevedo.
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